Cuando la gracia divina lo demanda todo.
Texto:
Lucas 14:25-35
INTRODUCCIÓN
El 31 de octubre de 1517, un monje agustiniano
de nombre Martín Lutero, pegó en la Iglesia de Wittenberg lo que se conoce como
las 95 tesis, que era un documento con declaraciones en contra de la práctica
común de la venta de indulgencias en el día de todos los santos. En ese
momento, Lutero no buscaba romper con la Iglesia medieval ni negar la autoridad
papal, sino corregir lo que consideraba un abuso teológico, financiero y
pastoral destructivo.
Él defendía la gracia divina frente a la
mercantilización de la fe, sosteniendo que cualquier cristiano verdaderamente
arrepentido ya goza de la remisión o perdón total de su culpa y pena sin
necesidad de cartas de indulgencia. Esto fue la chispa que encendió la llama de
la Reforma Protestante, que transformó el mundo occidental.
Los reformadores defendieron lo que se conoce en
la actualidad como las 5´s Solas:
Sola Scriptura. La Biblia es la única norma infalible de fe y
práctica para la iglesia
Sola Gratia. La salvación es un don enteramente inmerecido concedido por Dios.
Sola Fide. La justificación del creyente se recibe únicamente mediante la fe en
Cristo.
Solus Christus. Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres.
Soli Deo Gloria. Toda la alabanza y la gloria pertenecen
exclusivamente a Dios.
Todos los hombres y mujeres que siguieron la
reforma protestante pagaron un alto costo porque vivir como discípulo de Jesús.
Las solas se volvieron en su expresión de fe y conducta, frente a un imperio
religioso que solo demandaba obediencia a la institución antes que a Dios. ¿Qué
implica ser un verdadero discipulado de Jesús, cuando la gracia divina lo
demanda toda tu la vida? Todo discípulo de Jesús debe saber las razones de por
qué sigue a Jesús. El texto nos ofrece una mirada a las implicaciones que se
derivan del mensaje de Jesús a sus seguidores.
La Marca hacia la cruz.
En nuestro pasaje, el Señor Jesucristo se vuelve
hacia «grandes multitudes que iban con él» (v. 25), y no encontramos aquí a un
líder religioso que desea halagar a sus seguidores para engrosar la
estadística; sino que vemos al Rey Soberano que desafía a la multitud para que
examine las motivaciones de su corazón para seguirlo.
Geográficamente, Jesús prosigue su ministerio
itinerante de camino a Jerusalén a través del territorio de Perea. La marcha no
es un mero desplazamiento espacial, sino una peregrinación hacia la cruz.
Contraste de auditorio (del simposio a las
masas): El contexto cambia de forma
drástica frente a los versículos precedentes (Lc 14:1-24), donde Jesús
enseñaba en un banquete cerrado en casa de un gobernante fariseo. Ahora se
vuelve hacia las «grandes multitudes».
Multitudes vs. Discípulos
Calidad versus popularidad numérica: A pesar del fervor de las multitudes, a Jesús
no le impresionan las masas motivadas por la curiosidad, el beneficio terrenal
o el entusiasmo superficial. En lugar de abaratar la fe para retener
seguidores, el Señor confronta a las multitudes para demandar calidad,
fidelidad y compromiso total con las demandas de ser un discípulo y seguirle. ¿Cuáles
son esas demandas?
I.
¿QUÉ
DICE EL TEXTO?
El texto tiene tres demandas del Rey Jesús: el
centro de los afectos (vv.26-27), parábolas del cálculo de los costos
(vv.28-33) y el peligro de la insipidez (v.34-35).
Demanda 1: Centro de los afectos (vv. 26-27)
El uso de la palabra «aborrecer» es un modismo
semítico de preferencia comparativa: nuestro amor más íntimo y legítimo
(padres, cónyuge, hijos, e incluso la propia vida) debe parecer aborrecimiento
en contraste con el afecto exclusivo y supremo que le debemos a Cristo. Se
trata de un hebraísmo e hipérbole comparativa que significa «amar menos»
o posponer una lealtad en favor de otra superior. En comparación con la
devoción suprema debida a Cristo, cualquier otro amor terrenal debe parecer
secundario. Él está demandando una entrega total, como su discípulo.
Añade inmediatamente: «el que no lleva su
cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo». La cruz en el siglo
I no era una joya ornamental ni un padecimiento inevitable de la vida; era el
madero de la ejecución voluntaria, el sometimiento incondicional a la muerte
del «yo». La frase «no puede ser mi discípulo» se reitera como un
estribillo solemne (vv. 26, 27, 33), señalando condiciones indispensables sin
las cuales el seguimiento es inviable.
Demanda 2: Las parábolas del cálculo sobrio (vv.
28-33)
Jesús ilustra la necesidad de reflexionar
seriamente antes de asumir el compromiso del Reino mediante dos cuadros de la
vida práctica:
El constructor de la torre (vv.28-29):
Denuncia la presunción y el entusiasmo
apresurado que empieza sin calcular el gasto, quedando expuesto a la burla
pública por una fe abortada en los cimientos. Podía tratarse de una atalaya
fortificada en un viñedo para vigilar y almacenar bienes, o bien de una
edificación residencial o agrícola de gran envergadura. En la cultura del honor
y la vergüenza del Cercano Oriente antiguo, dejar una obra a medio terminar
acarreaba el desprecio general. Los transeúntes se burlarían diciendo
despectivamente: «Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar».
Nos señala cuando se emprende discipulado por
impulso o sin medir el sacrificio requerido y produce un colapso espiritual que
desacredita el testimonio ante la sociedad.
El rey que marcha a la guerra (vv.31-32):
Muestra la disparidad entre diez mil y veinte
mil. Si al evaluar objetivamente sus fuerzas reconoce la imposibilidad de salir
airoso de la contienda, lo sensato es enviar una embajada diplomática mientras
el otro rey aún está lejos para pactar la paz.
Nos enseña la necesidad de reconocer nuestra
bancarrota: o nos rendimos incondicionalmente a las condiciones del Rey de
gloria, o seremos destruidos por Su justicia. Muestra que, ante la santidad y
el juicio soberano de Dios, el ser humano carece de fuerzas o méritos propios
para prevalecer; la única actitud inteligente es rendirse incondicionalmente
a Dios, concertando la paz bajo sus propios términos
La renuncia total (vv. 33):
El versículo formula la conclusión: «cualquiera
de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi
discípulo». El verbo «renunciar» significa literalmente «despedirse de»,
«alejarse» o desvincularse afectiva y jurídicamente. Todo discípulo considera
que sus recursos y habilidades son propiedad exclusiva de su Señor. Quien
retiene una sola cláusula de propiedad para sí mismo, invalida su profesión de
fe.
Demanda 3: El riesgo de la sal insípida
(v.34-35)
Finalmente, advierte, con la sal, que pierde su
sabor o volverse necia o insípida, la vuelve inútil. La cláusula nos recuerda Mateo
5.13: "Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto
insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya no sirve para nada, sino para
ser echada fuera y pisoteada por los hombres”.
En el primer siglo, la sal era una roca que
estaba compuesta por yeso, tierra, otros minerales y sal. Cuando se almacenaba
o entraba en contacto con el agua la sal (cloruro de sodio) se disolvía y solo
dejaba los otros materiales, y perdía su capacidad para salar, por lo que la
roca se volvía insípida y ni para abono se podía utilizar.
Si el discípulo pierde el propósito de su
consagración radical como discípulo de Jesús, no sirve para nada, será arrojado
fuera. «El que tiene oídos para oír, oiga».
¿Qué está comunicando Jesús? Ser un discípulo de
Jesús tiene un gran costo, es renunciar a todo por entregarme todo a Jesús.
Debes medir el precio a pagar, por seguir a Jesús. Tendrás que renunciar al
disfrute del pecado en tu interior, a las vanidades del mundo y los
ofrecimientos del éxito según los parámetros sociales, para vivir disfrutando
de Dios por siempre, deleitarse en los tesoros celestiales y aceptar perder
todo en este mundo por ganar todo en la eternidad con Dios.
II. ¿QUÉ APRENDEMOS DEL TEXTO?
Del pasaje brotan dos verdades doctrinales
fundamentales.
VERDAD 1: LA BALANZA DE LA GRACIA.
La gracia salvífica de Cristo es gratuita en su
adquisición, pero absoluta y costosa en su demanda. La justificación no nos cuesta nada porque a
Cristo le costó Su propia sangre; no obstante, recibirla implica el traspaso
absoluto de soberanía. La salvación que no reclama el trono de la voluntad y
las posesiones del pecador es un fraude forjado por la carne.
Si has entregado tu vida a Jesús, eres su
discípulo. Tu entrega es una entrega incondicional a todas las demandas de
Dios, por lo tanto, debes obedecerlo y aceptar una vida comprometida con buscar
primeramente el Reino de Dios y Su justicia. Es esto se desprende el sacramento
de bautismo, donde el discípulo hace un compromiso público de que es discípulo
de Jesús y se sumerge en las aguas del bautismo mostrando su muerte al pecado y
surge del agua representando la nueva vida en Cristo, se ha entregado incondicionalmente
a Cristo.
VERDAD 2: PROFESIÓN DE FE VERDADERA O FALSA.
Un discipulado sin renuncia premeditada es
idolatría encubierta. Si Jesús nos
manda renunciar a algo y nos negamos, lo hacemos porque es nuestro ídolo, el
que gobierna nuestro corazón. El Señor Jesús no negocia afectos compartidos ni
acepta lealtades divididas. Eres o no eres discípulo de Jesús, con tu renuncia
lo pruebas.
Apocalipsis 3:15-16 lo expresa en estos
términos: "Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá
fueras frío o caliente! "Así, puesto que eres tibio, y no frío ni
caliente, te vomitaré de Mi boca”. Un discípulo tiene claro dónde está su
lealtad, su compromiso y entrega. Su tiempo, recursos, relaciones, trabajo,
familia, metas, propósitos, sueños y su vida completa están alineados con las
Escrituras, con la extensión del Reino de Dios, con las demandas de Jesús.
Una profesión de fe sin santidad perseverante ni
costo visible termina en apostasía y esterilidad. El discípulo verdadero
descansa en la perseverancia de los santos. Está comprometido con la santidad,
la oración, el crecimiento en la palabra, la adoración comunitaria, fortalece
su relación con los hermanos.
¡Quién solo abraza el evangelio por sus
beneficios temporales terminará, como la sal adulterada, siendo pisoteado por
las personas y rechazado por Dios! ¿Dónde está tu lealtad y compromiso?
Un discípulo que está en crecimiento se
distingue por estos hábitos importantes: ora, crece, adora en comunidad, se
congrega, generosidad, comparte la fe, entre otros.
III. ¿QUÉ NOS DICE EL TEXTO?
Ahora, pasemos a escuchar qué nos está hablando
Dios a través del texto y qué verdades nos pide que obedezcamos.
Autoexamen: ¿Qué tipo de discípulo eres?
Te dejo algunas preguntas de evaluación sobre tu
caminar como discípulo de Jesús.
a)
¿Estás dispuesto
a que Dios confronte el pecado en tu vida? ¿Estás dispuesto a no participar en
palabras, acciones y estilos de vida que sean contrarios al evangelio de Jesús?
b)
¿Te llamas
discípulo, pero tu estilo de vida no se diferencia del estilo de vida de otras
personas, lo que piensan, hacen y participan? ¿Tienes la aprobación de tu
familia, aunque ellos no sean cristianos, aceptas una oportunidad deshonesta de
negocio o la burla hacia otros colegas de estudio o trabajo?
c)
Si tu
cristianismo solo se reduce a un barniz de asistencia dominical que te permite
seguir viviendo para tus comodidades, Cristo te dice hoy: «No puedes ser mi
discípulo». El discipulado no es una mejora a tu estilo de vida; es una
sentencia de muerte a tu autonomía.
Recuerda, Jesús no está interesado que la
multitud lo siga, Él quiere discípulos comprometidos con la extensión del Reino
de Dios y estén dispuestos a pagar el costo por ser su discípulo.
Desafío: ¿Qué hábitos tiene un discípulo?
En una sociedad cada vez más endeudada por la
búsqueda de apariencias, y donde penetran teologías sincretistas que prometen
ganancias terrenales a cambio de «pactos con Dios», Lucas 14:33 levanta una
espada tajante: «renuncia a todo lo que posee».
Cristo no vino a ser el administrador de las
ambiciones personales ni el garante de lujos contemporáneos. Todo discípulo de
Jesús, cuyo corazón ha sido regenerado, considera los recursos y habilidades no
como suyos, sino como propiedad exclusiva de su Señor para el avance del Reino
y la ayuda al necesitado. Aquel que busca a Dios para enriquecerse en esta vida
camina en la dirección diametralmente opuesta a la cruz.
El renunciar a todo lo que posee, no significa
un voto de pobreza; significa un compromiso a no permitir que las posesiones,
el dinero, la fama, o el éxito según los parámetros de este mundo determine mi
vida, sino que es Dios el centro de mi vida.
¿Cómo te distingues como un verdadero discípulo
y que Jesús es el centro de tu vida? Los hábitos determinan el estilo de vida
de las personas. Si alguien dice es fitness, su estilo de vida se fundamenta en
los hábitos que hace diariamente, va al gimnasio, tiene una alimentación acorde
a sus ejercicios, toma la cantidad de agua, evita alimentos que no le
benefician, y otros.
Si dices que eres que tu estilo de vida es ser
un discípulo de Jesús, ¿cuáles son los hábitos que sostienen ese estilo de
vida? Aunque se pueden citar muchos hábitos o disciplinas, que se tratarán en
el próximo año, voy a mencionar tres que tienen que ver con nuestro texto:
El primero es el hábito de la generosidad.
¿Quién gobierna tu dinero? Una forma sencilla de saberlo es si estás
comprometido con el diezmar y ofrendar. Es una forma en que todo discípulo
expresa su compromiso con Dios, porque no le duele dar y ser generosos, además
que apoya la extensión del evangelio y el apoyo a las necesidades de otros.
El segundo es el hábito de congregarse.
¿Quién controla tu agenda? ¿Cuáles son las prioridades de tu vida? ¿Son el
avance del evangelio de Dios o solo hacen negocios que te beneficien solo a ti?
La mejor forma de saber quién la controla es la prioridad que le das a
congregarte y participar en grupos de crecimiento con otros.
Por último, el hábito de la oración constante.
El texto nos recuerda: la sal no influye adaptándose a su entorno, sino
manteniendo su sabor distintivo. Si quieres hacer la diferencia en esta
sociedad, como sal, debes estar constantemente con comunión con Dios. La
oración es la forma en que Dios nos cambia para dirigirnos hacia su voluntad
perfecta. ¿Estás comprometido hacer la diferencia, como sal, a tu alrededor?
Como discípulo de Jesús, debes acercarte al trono de la gracia donde tu Señor
reina, para que lo oigas, recibas fortaleza y así luches la buena batalla todos
los días.
CONCLUSIÓN
Una última palabra de ánimo, si has sufrido el
rechazo de sus seres queridos por causa del evangelio, si has perdido un
ascenso o una oportunidad de mejoramiento laborar por negarse a participar de
la corrupción, si estas sintiendo el peso abrasador del madero en sus hombros
cada día por causa del evangelio, no estás calculando una pérdida, estás
calculando una ganancia eterna. Quien pierde su vida por Cristo, la hallará. El
Rey no te llama a morir para abandonarte en el sepulcro, sino para coronarte en
Su gloria venidera.
Calcula hoy el gasto, mira fijamente la cruz del Redentor, suelta las amarras de este mundo pasajero y corre en pos de Cristo sin mirar atrás, Él no te defraudará nunca. Él es tu Señor, y tú eres su discípulo, ámalo más que a cualquier persona o cosa en este mundo, toma su cruz y yugo todos los días, confía solo en la providencia de Dios para tu vida, escucha Su Palabra y obedécelo todos los días. ¡AMÉN!