Texto base: Lucas 6:27-36
Introducción
Seguimos
con la serie del Discipulado en el Evangelio de Lucas. Ya exploramos la primera
parte de Jesús llama (Lc. 4-6), ahora nos adentramos en Jesús forma en
los capítulos 6 al 14, para luego continuar con Jesús transforma (Lc. 15–22)
y Jesús envía (Lc. 23–24).
La
premisa que debemos tener presente es que, para impactar a otros con el
evangelio, primero debo ser impactado con el evangelio. Lo que he recibido de
Dios, debo darlo a otros. De gracia recibes, das de gracia. El evangelio que va
a impactar al mundo primero debe impactar mi vida. Sé el cambio debido al
evangelio que quieres ver a tu alrededor.
¿Qué
nos dice el Texto? ¿Qué aprendemos del texto? ¿Qué me dice el texto?
I. Contexto: ¿Qué nos dice el texto?
En
Lucas 6 encontrarán a nuestro Señor Jesús en lo que se conoce como el Sermón
del Llano: ¿A quién le habla Jesús? Le precede las disputas con los
fariseos sobre las sanidades que Él hizo en el día de reposo, llegando a
declarar que: “El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo” (v.5).
Luego, escoge a doce discípulos para que estén con Él y los llamó apóstoles o
sea los enviados (vv.12-19).
Ante
una gran multitud de personas que lo seguía, Jesús hace sanidades y milagros.
Pero, se vuelve a sus discípulos y les habla. No está hablándole al mundo
impío, ni a la multitud; Él le está hablando a aquellos que han decidido
descender de la montaña con Él, a sus discípulos.
Jesús
les declara las bienaventuranzas y los ¡Ay! (vv.20-26), expresiones utilizadas
por los profetas para señalar juicio y esperanza al pueblo de Israel por
apartarse del camino del Señor. Estas palabras nos muestran quiénes son los
verdaderos ciudadanos del Reino de Dios.
Pero
en el verso 27, el Señor da un giro incisivo: “Pero a ustedes los que oyen,
les digo...». Noten esa frase: “a ustedes los que oyen”.
Jesús no exige esta conducta al mundo; no se la pide al Imperio Romano ni a los
fariseos complacientes. Se la pide a aquellos cuyos oídos han sido abiertos por
la gracia.
¿Dios
ha abierto tus oídos por la gracia de Dios? Si es afirmativo, escucha lo que
Jesús te quiere decir. Si la respuesta es negativa, ora y arrepiéntete delante
de Dios para que Él abra sus oídos.
En
la narrativo de Lucas, Jesús no envía a sus discípulos a la misión sin antes
modelar y transformar el corazón de sus discípulos. El error común de nuestro
tiempo es buscar la eficacia en la misión sin la santificación en nuestro
corazón y conducta. Queremos transformar el mundo con el evangelio antes de
permitir que el evangelio transforme la forma en que tratamos a los demás. El
evangelio que va a impactar al mundo primero debe impactar mi vida. Sé el
cambio debido al evangelio que quieres ver a tu alrededor.
II. Verdades que impacta: ¿Qué nos enseña el texto?
La
gracia de Dios en el evangelio nos capacita para vivir una ética sobrenatural,
donde la verdadera expresión del amor de Dios se demuestra en misericordia
hacia quienes no la merecen. Si somos discípulos de Jesús, las verdades de Su
Palabra deben impactar y cambiar nuestras vidas.
Al
examinar detenidamente Lucas 6:27-36, la Escritura nos revela tres grandes
verdades sobre la vida y conducta de todo discípulo de Jesús:
1. La conducta del discípulo exige un amor sobrenatural (vv. 27-30)
El
mundo ama a quien le ama y aborrece a quien le daña; eso es naturaleza. Pero el
discípulo es llamado a la gracia: “Amen a sus enemigos, hagan bien a los que
los aborrecen; bendigan a los que los maldicen, y oren por los que los
insultan. Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que
te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica. A todo el que te pida, dale,
y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames”.
Jesús
pasa de la actitud interna (amar) a la acción visible (hacer bien),
al lenguaje santificado (bendecir) y a la intercesión privada (orar).
No nos deja espacio para el rencor pasivo. Esta es la conducta de un verdadero
discípulo de Jesús, va a amar, hacer el bien, bendecir y orar por los que lo
odian, le hacen mal, lo ofenden y le desean el mal.
2. El estándar de la conducta cristiana no es la reciprocidad humana
(vv. 31-35a)
¿Cuál
es la forma en que debemos actuar para con el prójimo? No es la reciprocidad
humana: hacer el bien a quien bien te hace. Así lo dijo Jesús: “Si aman a
los que los aman, ¿qué mérito tienen?» (v. 32). La palabra traducida como
“mérito” es charis (gracia). Jesús está diciendo: "¿Dónde está
la marca de la gracia en tu conducta, si solo reaccionas como los
pecadores?" Un discípulo de Jesús debe actuar con una conducta
diferente y mejor que la que ofrece el mundo
La
conducta del mundo es una transacción comercial: te doy para que me des. La
conducta del discípulo de Cristo es una rendición de derechos: “te doy porque a
mí me ha sido dado todo en la cruz. Lo que he recibido de Cristo, te lo doy a
ti, no por méritos ni porque me caes bien; es por la gracia y el amor que he
recibido de Dios”. ¿Esa es la ética con la que vives?
3. La misericordia es el ADN de los hijos de Dios (vv. 35b-36)
“y serán hijos del Altísimo; porque Él es bondadoso para con los
ingratos y perversos. Sean ustedes misericordiosos, así como su Padre es
misericordioso.”
No
amamos a nuestros enemigos para llegar a ser hijos de Dios; amamos a
nuestros enemigos porque ya somos hijos de un Padre que hizo salir el
sol sobre nuestra propia ingratitud. La misericordia no es un rasgo opcional
del discípulo de Jesús, es el ADN de todo verdadero hijo de Dios.
El
amor sobrenatural de Dios me hace actuar con misericordia con mi prójimo, sin
importar sino lo merece o no. ¿Actúas así? ¿Estas tres verdades están presentes
en tu actuar como discípulo? ¿Crees que vivir por estas verdades pueden
impactar el mundo?
III. Aplicación: ¿Qué me dice el texto?
La
verdad del evangelio no se ha predicado fielmente hasta que traspase tu mente y
confronte tu voluntad. Aquí tres aplicaciones para reflexionar y vivir.
Aplicación 1: Humilla tu orgullo.
Examínate
a la luz del versículo 28: “bendigan a los que los maldicen...” ¿A quién
has estado amando únicamente porque te resulta cómodo y provechoso? ¿Hay alguna
persona en tu familia, en tu trabajo, en el centro de estudio o incluso en esta
congregación a la que miras con amargura, deseando secretamente su tropiezo o
evitando su presencia?
Si
tu cristianismo no ha cambiado la forma en que hablas de tus enemigos, tu
cristianismo es superficial. Jesús te confronta hoy: no eres llamado a
reaccionar con el impulso de la carne, con rencor, con odio hacia otros, sino
con el carácter del Espíritu y a dar el fruto del Espíritu que es: “amor,
gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre,
dominio propio” (Gálatas 5:22-23).
El
orgullo no nos permite oír a Jesús. El orgullo no nos permite amar a nuestros
enemigos. El orgullo no nos permite hacer el bien, a los que nos hacen mal. El
orgullo no nos permite bendecir a los que nos maldicen. El orgullo no nos
permite orar por los que nos insultan. No permitas que el orgullo controle tu
vida. Actúa como un discípulo de Jesús: ama, haz el bien, bendice y ora.
Aplicación 2: Fortalece tu fe.
Quizás
piensas: "Pastor, este mandato es imposible de cumplir. Mi corazón no
produce ese amor." ¡Exacto! El propósito de la Ley de Cristo es
llevarte al final de tus propias fuerzas, para que mires a Jesús mientras era
clavado en el madero y oró por sus ejecutores: “Padre, perdónalos”. Él
vivió Lucas 6 por ti. Tu salvación descansa en su obediencia perfecta. Es Su
vida dentro de ti, por el Espíritu Santo, la que puede amar a través de tus
manos. ¿Descansas en Cristo? ¿Es Jesús el único consuelo de tu vida? ¿Él ha
impactado tu vida, que deseas impactar al mundo con el evangelio?
Aplicación 3: Un paso concreto de obediencia
Seguir
a Jesús transforma nuestra vida interior antes de transformar nuestra misión
exterior. No podemos ir a ganar al mundo si estamos consumidos por las
rencillas del corazón. Dios quiere transformarte, para usarte. Te pido hoy que
des un paso concreto de crecimiento como discípulo:
1. Identifica
a tu "enemigo", alguien que te haya herido o dañado: Ponle
nombre y rostro en este momento ante el Señor.
2. Realiza un
acto de bien no correspondido esta semana: Llámale, bendícele en
oración privada, intercede por su salvación o haz algo por ayudarlo en una
necesidad que tenga, sin esperar reconocimiento.
3. Mata la
venganza en el altar de la oración: Entrega al Señor el derecho a defenderte. Rompe
el ciclo del desquite.
Conclusión
El
mundo no se convencerá de la verdad del evangelio por nuestras palabras
elocuentes, sino cuando nos vea actuar con la misericordia del Altísimo. La
consigna de un discípulo al enfrentar toda situación y relacionarse con toda
persona es: AMAR, HACER EL BIEN, BENDECIR, ORAR.
Recuerda,
nosotros fuimos una vez ingratos, malos y enemigos de Dios y aun así Cristo
murió por nosotros, “porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados
con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados,
seremos salvos por Su vida.” (Romanos 5:10).
Ve
a tu casa, contempla la cruz y sé misericordioso, porque tu Padre celestial ha
sido infinitamente misericordioso contigo. ¡Amén!