Texto: Lucas 5:1-11
Introducción
Ya
iniciamos una serie titulada: El discipulado en el evangelio de Lucas,
considerando el siguiente esquema:
1. Jesús
llama (Lc 4–6): el discipulado inicia con la iniciativa de Cristo.
2. Jesús
forma (Lc 6–14): la vida, enseñanza y misión de Jesús moldean al discípulo.
3. Jesús
transforma (Lc 15–22): el corazón, las prioridades y el servicio son renovados por
el mismo Jesús.
4. Jesús envía (Lc 23–24): el Resucitado
envía discípulos como testigos.
Vamos
a sumergirnos en el texto para contestar tres preguntas:
¿Qué dice el texto? Donde se dará una vista a la narrativa del
evangelista, para comprender lo que está escrito.
¿Qué enseña el texto? Se expondrán tres verdades que se desprenden de
lo expuesto, como fundamentos sobre los que edificar la vida de un discípulo.
¿Qué nos dice el texto? Aquí se busca aplicaciones prácticas para que
el Espíritu Santo escudriñe nuestros corazones y nos transforme al escuchar el
llamado de Jesús de sígueme.
I. ¿Qué nos dice el texto?
Para
comprender el mensaje del escritor, debemos mirar el desarrollo narrativo de
este Evangelio. Lucas nos ha mostrado a Jesús predicando en las sinagogas y
sanando enfermos; pero, aquí la narrativa da un giro crucial: Jesús pasa de la
proclamación general a la formación de su círculo íntimo. No está simplemente
llamando a ayudantes; está demostrando de manera progresiva y soberana su
autoridad divina ante aquellos que serán las columnas de la Iglesia, sus
discípulos o aprendices en la misión evangelística.
El
texto nos sitúa junto al lago de Genesaret. Los pescadores, hombres expertos en
su oficio, han trabajado toda la noche, el tiempo óptimo para la pesca, y han
fracasado, sus redes están vacías. Jesús, un carpintero de Nazaret, sube a la
barca de Simón y, tras enseñar a la multitud, le da una orden que desafía toda
lógica humana y profesional: «Lleva la barca hacia la parte honda del lago,
y echen allí sus redes para pescar (v.4, RVC)».
La
respuesta de Simón Pedro revela el conflicto inicial de la carne: «Maestro,
toda la noche hemos estado trabajando, y no hemos pescado nada; pero ya que tú
me lo pides, echaré la red (v.5, RVC)». Hay aquí un destello de fe sumisa.
Al obedecer, la captura es tan abrumadora que las redes se rompían y las barcas
comenzaban a hundirse.
Este
milagro de la gracia no produce en Pedro una alegría mundana por la ganancia
material, sino un santo terror. Al ver la gloria manifestada de Cristo, se
postra de rodillas diciendo: «Señor, ¡apártate de mí, porque soy un pecador
(v.8, RVC)». Ante esto, el Salvador calma su alma con un «No temas»
y le revela su nuevo llamamiento: «Desde ahora serás pescador de hombres
(v.10, RVC)». El pasaje culmina con una renuncia radical: dejándolo todo,
le siguieron.
II. ¿Qué nos enseña el texto?
Del
pasaje pueden brotar muchas verdades o doctrinas sobre Dios, su plan eterno y
muchas otras. Para los objetivos del discipulado, nos enfocaremos en tres
verdades fundamentales que nos ayudarán a comprender cómo Jesús discipuló:
1) La
soberanía de Cristo gobierna sobre los fracasos y los esfuerzos humanos.
Los
hombres más experimentados no pueden forzar la providencia divina. Las redes
vacías de Simón eran el escenario preparado por Dios para demostrar que el
éxito de la vida y del ministerio no depende del correr del hombre, sino de la
misericordia divina. El mandamiento de Cristo demanda fe contra la experiencia
empírica.
No
se puede ser un discipulado verdadero si no renunciamos a tener el control de
nuestras vidas y rendirnos al Señorío de Jesús.
2) La
verdadera visión de la gloria de Dios produce siempre una profunda humillación
y convicción de pecado.
Pedro
no vio solo un gran cardumen de peces; vio la Omnisciencia y el Poder del Dios
encarnado en su barca. El hombre natural huye de Dios o se enorgullece; el alma
regenerada, al ver la santidad de Cristo, ve la vileza de su propio corazón.
No
puede ser un discipulado verdadero donde primero no ha habido un
quebrantamiento absoluto ante la santidad del Señor.
3) Seguir a
Jesús transforma la vida interior del ser humano antes de transformar su misión
exterior.
Jesús
les predicó a multitudes, pero hizo el milagro delante de pocos, que serían sus
discípulos. Los milagros de Jesús son para transformar la vida interna de las
personas, no para dejarlas sin cambios y asombradas.
Observen
el orden del Espíritu: Cristo no envía a Pedro a predicar inmediatamente
después de subirse a la barca. Primero, vacía su suficiencia propia (la noche
de fracaso), luego expande su fe (la pesca milagrosa), después purifica su
corazón por medio del arrepentimiento (la confesión de pecado) y, solo
entonces, transforma su vocación para la misión.
La
obra en el discípulo antecede a la obra por medio del discípulo.
Debes renunciar a tu autosuficiencia y orgullo propio, para depositar tu fe en
las promesas de Dios, arrepintiéndose de sus pecados y así seguir
obedientemente a Jesús, como discípulo.
III. ¿Qué nos dice el texto? Aplicaciones Prácticas
Hay
tres áreas en las que, como un espejo para nuestras vidas, busquemos
aplicaciones prácticas de las verdades expuestas.
1) Examen de
Conciencia
Hazte
la siguiente pregunta: ¿En qué descansa mi confianza y caminar a diario? Muchos
en la iglesia profesan querer servir a Dios, pero insisten en pescar en sus
propias fuerzas, confiando en sus redes de orgullo, intelecto o prudencia
humana.
¿Has
pasado ya por la experiencia de Pedro, donde la presencia de Cristo te ha hecho
ver cuán pecador, miserable y necesitado eres? Si nunca has temblado ante la
santidad de Dios, temo que aún sigues al Jesús de la multitud, pero no al Jesús
de la barca. Deja de ser parte de la multitud, y conviértete en parte de los
discípulos de Jesús.
2) Consolación
en medio de la realidad
¿Hay
aquí hermanos que sienten que sus redes están vacías, que han trabajado en sus
matrimonios, en la crianza de sus hijos, o en sus llamados espirituales «toda
la noche» sin ver fruto? No desmayéis. El vacío de tus redes es a menudo el
preludio del milagro de la gracia. Cristo permite tu impotencia para que la
gloria de la llenura sea enteramente suya. Esperen en Su Palabra; boga mar
adentro cuando Él lo ordene.
Tu
consuelo es Jesús, tu milagro es Jesús, tu único sustento es Jesús. ¿Acudes a
Cristo en medio de tu realidad? Deja que el Espíritu Santo afirme en tu vida la
profunda necesidad de que Jesús sea tu único consuelo.
3) Dirección
en el Crecimiento
La
meta de este mensaje no es dejarte maravillado con el milagro, sino moverte a
dar un paso concreto en tu discipulado. La misión de la iglesia se debilita
porque pretendemos ser "pescadores de hombres" sin haber permitido
que Cristo transforme nuestra vida privada. Por tanto, le exhorto formalmente a
tomar una acción concreta esta semana:
Rendir
tu "barca" a Jesús, aquella área de tu vida donde te consideres
expertos o autosuficientes, en tu trabajo, las finanzas, tu sabiduría familiar
u otros, al señorío absoluto de Cristo. Solo renunciando a la dirección de
todo, encontrarás la verdadera dirección de tu vida.
Confiesa
tu autosuficiencia en oración y di a Dios: "Señor, en mi experiencia
esto parece inútil, pero porque Tú lo dices, lo haré".
Conclusiones
Somete
tus afectos personales y tu tiempo a una disciplina de oración, lectura de la
Biblia y otras discípulas espirituales, antes de buscar la aprobación de los
demás.
Al
igual que aquellos primeros discípulos, cuando la gracia de Dios toca tu
corazón de manera transformadora, no estimamos nada como valioso en este mundo.
Dejas las redes del apego terrenal, los ídolos de la seguridad material y le
seguirás con un corazón limpio y renovado.
Jesús
encontró a Simón cansado y agotado de trabajar, él no estaba entre la multitud.
Lo llamó para que su trabajo tenga el propósito para el cuál fue creado. Dios
no llama personas que no están haciendo nada, Dios llama a las personas
ocupadas en sus trabajos para cambiarlos y así enviarlos a trabajar para la
transformación de todo a su alrededor. Simón, el pescador, fue llamado a la
vocación de ser pescador, pero de hombre. Simón siguió siendo un pescador, pero
ahora tenía un propósito eterno.
¿A
qué te ha llamado Dios? Dios llama personas ocupadas, para transformarlas en
discípulos ocupados en su Reino mientras van por el mundo. ¡Qué el Señor selle
esta palabra en sus corazones! Amén.