INTRODUCCIÓN
Una de las
disciplinas espirituales que más se ha extendido es la oración. No importa el
trasfondo religiosos que tenga una persona, la oración es la práctica que más
van a tener en común. La oración, pues, es una práctica religiosa universal y
frecuente,… y esto es así porque la oración es una tendencia natural, propia
del ser humano[1]; porque fuimos creados
para tener comunión con Dios. Incluso, hay una celebración del Día Mundial de
Oración, que se realiza el 1 de marzo de cada año[2].
Pero, a pesar de la
gran importancia que tiene la oración en la vida espiritual de una persona, ¿qué
hace la diferencia entre la oración de un verdadero discípulo de Cristo, del
resto de expresiones de oración de otras personas, que no han nacido de nuevo? ¿Podremos
afirmar que todo discípulo de Cristo, tiene una vida de oración saludable?
Mi experiencia que
dice que una de las áreas de mayor debilidad entre los cristianos es la oración;
la razón es que no comprender bien qué es y cómo debe practicarse. Así, que les
compartiré lo que es la oración; luego, daremos un vistazo al contexto de
pasaje en estudio, para analizar brevemente, la oración apostólica como un
marco bíblico para comprender la oración que trae avivamiento.
¿QUÉ ES ORACIÓN?
Es una pregunta no
tan sencilla de contestar, porque hablar de la oración es como hablar de
respirar, se puede definir con las mejores palabras, pero si una persona deja
de respirar ha muerto. Por más que conceptualicemos la oración, pero si no la
practicamos vamos a morir espiritualmente.
Así, que este es un
intento por clarificar un concepto, que se debe llevar a la práctica. La
oración es un diálogo con Dios. Es en dos vías: yo hablo, Él me escucha; yo
escucho, Él me habla. También, podemos decir que “orar es cambiar, la oración
es la avenida principal que Dios usa para transformarnos. Cuanto más cerca
lleguemos del corazón de Dios tanto más comprenderemos nuestra necesidad y
desearemos conformarnos a Cristo[3]”.
La oración es muy
importante en nuestra vida espiritual. Déjeme darles cuatro razones para que usted
aprende y practique la disciplina diaria de la oración:
La oración promueve
nuestro crecimiento espiritual, y si se le añade el estudio bíblico, creceremos
más.
La oración trae
poder a nuestro trabajo para el Señor.
La oración ayuda a
la conversión de otras personas.
La oración trae
bendición a la iglesia[4].
CONTEXTO DEL HECHOS 4:23-31
En el libro de
Hechos, hay registradas algunas oraciones, antes de nuestro pasaje, solo se
encuentra la oración para la elección del sustituto de Judas (Hechos 1:24-25). Solo hay la mención de
que oraban juntos (Hechos 2.1, 46-47).
Es hasta el capítulo cuatro, donde parece una oración apostólica, la cual es la
reacción de los discípulos a la situación que estaban viviendo.
Pero, ¿qué está
pasando en la vida de la primera iglesia? ¿Cómo viven su nueva fe, en Cristo
Jesús? ¿Qué los llevó a orar así? Hay que mencionar que ellos experimentaban su
fe, en medio de sus quehaceres cotidianos. Es en esa cotidianidad, donde
tuvieron la oportunidad de mostrar y testificar de la gracia de Dios, al
pueblo. Observemos algunos de los momentos, previos al tiempo de oración de los
apóstoles, descrita en los capítulos 3 y 4.
Juan y Pedro cura el
cojo, en el pórtico de Salomón, provocando asombro entre la multitud reunida en
el templo (Hechos 3:1-10).
Seguido, Pedro da su
segundo mensaje, que es una apología del milagro y mensaje evangelístico, ante
la multitud (Hechos 3:11-26).
Esto provoca la
envidia de los líderes religiosos, y los mandan a encerrar y son presentados
ante el concilio, donde al no encontrar razón alguna de condena son liberados,
bajo amenaza de no seguir predicando de Cristo Jesús (Hechos 4:1-22).
Pero, el pueblo
estaba glorificando a Dios, por lo que se había hecho (Hechos 4:21).
¿Qué hubieras hecho,
ante la amenaza de los líderes religiosos y políticos? ¿Cuál sería tu
respuesta, si fueras uno de estos discípulos? Las reacciones humanas
habituales, pueden ser dos. Una es obedecer la orden judicial, y decir que es
mejor hacerlo de otra manera; aquí entran los razonamientos humanos, en vez de
oír a Dios. La otra posibilidad es dejarse llevar por el temor y no volverlo a
intentar porque lleva mucha oposición. Aquí se está oyendo al miedo, en vez de
oír a Dios.
¿Cuál debe ser
nuestra reacción ante circunstancias fuera de nuestro control? La oración que
este grupo de discípulos hizo, nos darán algunas de las características que
debe tener una oración dirigida a Dios, para que Él intervenga.
CARACTERÍSTICAS DE LA ORACIÓN DE LOS APÓSTOLES
¿Qué hicieron estos discípulos?
Buscaron el consejo del Señor en oración. La oración los unión e hizo que sus
deseos más profundos se alinearan a la voluntad de Dios. El contenido, o sea lo
que oramos, de nuestras oraciones muestran la compresión bíblico-teológica que
tenemos de quién es Dios y cómo Él interviene en nuestra realidad.
Los apóstoles habían
demostrado osadía, ante del tribunal; ahora estaban mostrando su osadía en
oración, delante del juez del universo. Aquí notamos una clara comprensión de
la naturaleza y obra de Dios; y lo que aprendemos de esta oración, nos puede
ayudar a orar para ver un avivamiento en nuestras vidas, familias, congregación
y en la ciudad.
Apelaron al Soberano: La palabra griega es despotes (δεσπότης,
G1203), uno que tiene posesión absoluta y poder sin control alguno[5]; término utilizado para los
propietarios de esclavos y para gobernantes que ostentaban poder incuestionable[6].
Los discípulos sabía ante quién apelaban: el Dios Soberano, Señor absoluto y
Dueño de todo.
Cuando oramos, lo debemos hacer con el claro
entendimiento y convicción, que estamos delante del Soberano de toda la tierra,
y que nuestra actitud debe ser de humillación y reverencia. Pero, a la vez, nos
acercamos a nuestro Señor y Padre, por lo cual debemos acercarnos con un
corazón llevo de amor y deseos de estar con Él.
Apelaron a la soberanía de Dios: Antes de hacer alguna petición,
llenaron sus mentes con pensamientos sobre la soberanía de Dios.
Él
es el Dios de la creación, “tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el
mar y todo lo que en ellos hay”.
Él es el Dios de la revelación, que por medio
del Espíritu Santo, habló a través de la boca del rey David: “que por boca de David tu siervo dijiste”. El texto orado,
por los discípulos, es el Salmo 2 ya
reconocido salmo mesiánico, que predice la oposición del mundo ante la llegada
del legítimo Rey soberano, Cristo; y cómo se van a sublevar , a rebelarse y
conspirar contra el Ungido del Señor.
Él es el Dios de la historia, que ha logrado que hasta
sus enemigos (Herodes y Pilatos, los gentiles y los judíos) hagan “cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado
que sucediera”.
Así era, entonces,
cómo concebía la iglesia primitiva a Dios, el Dios de la creación, de la
revelación y de la historia, cuyas acciones características se sintetizan en
los tres claves: crear (v.24), decir o hablar (v.25) y determinar o decidir
(v.28)[7].
Una correcta idea de
Dios, por puede ayudar a orar al Dios que ha creado todo, y por lo tanto, soy
una de sus creaciones; que este Dios ha hablado, y por lo tanto, debo oírlo;
que este Dios ha decidido ejecutar su plan eterno, y soy parte de él.
Ahora, hacen sus peticiones: Con la visión clara acerca de Dios, humillándose ante
él, ya están listos para orar. Hay tres peticiones que hacen, las cuales tiene
que ver con la situación particular que están viviendo.
Señor, mira sus amenazas. No pidieron que
fueran librados de las amenazas, ni que sus enemigos fueran eliminado. Solo
piden que Dios tome encuentra las amenazas, que las tuviera presente.
Concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu
palabra. Ahora, piden, como
esclavos (en griero doulos) de Dios, proclamar la palabra sin miedo ni temor a
nadie. En otras palabras, estaban pidiendo el valor suficiente para enfrentarse
al concilio, que los había amenazado, predicando de Cristo.
Extiendes tu mano para que se hagan sanidades y
señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. También, piden
que Dios extienda su mano para hacer milagros de misericordia, y no milagros de
venganza o destrucción, como bajar fuego del cielo[8].
Los próximos episodios son la respuesta a lo que pidieron aquí, y el
avivamiento llegó a Jerusalén, Judea, Samaria y hasta los confines de la tierra
(Hechos 1.8).
CONCLUSIÓN
¿Cuál fue la
respuesta de Dios, a la oración unida y sincera de estos discípulos? El texto
hace referencia a tres manifestaciones:
El lugar en que estaban congregados tembló.
Todos fueron llenos del Espíritu Santo.
Hablaban con denuedo la palabra de Dios.
Una forma de llamar
a este respuesta divina es avivamiento. Sus vidas fueron sacudidas por la
presencia de Dios, fueron llenos del Espíritu Santo y fueron a hacer la obra de
Dios, predicando la palabra.
Esta oración es no
apta para personas que están cómodas con sus vidas y sus planes; es no apta,
para personas que no están dispuestas a rendirse a Dios y ser llenos por el
Espíritu Santo; es no apta, para personas que solo son oidores olvidadizos y no
desean hablar con insistencia, la palabra de Dios. ¿Quieres un avivamiento en
tu vida, tu familia, en la iglesia y a nuestro alrededor? Hay que estar
dispuesto a encontrarnos cara a cara con Dios, y que Él nos transforme. SDG
Lic. Maynor Agüero Obregón, es pastor-maestro en la iglesia Ministerios Centro Cristiana de Cartago, y Director General del Centro Educativo Semillas, una institución de educación preescolar, primaria y secundaria, con principios bíblicos.
[1] Deiros, Pablo (2007). La oración de
poder. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Certeza Argentina, pág. 15.
[3] Foster, Richard (2009). Celebración de la disciplina: hacia una vida espiritual más profunda. Buenos
Aires: Editorial Peniel, pág. 51.
[4] Torrey, R.A. (2006).Cómo orar. Buenos Aires: Editorial Peniel, pág. 27-33.
[5] “Soberano”. Diccionario VINE de palabras del A.T. y
N.T.
[6] Stott, J. (2010). El
mensaje de Hechos. 1a edición, Buenos Aires: Certeza Unida, pág.
111.
https://platinumpeachpress.com/biografia-de-saulo-de-tarso/
ResponderEliminarSaúl nació más o menos al mismo tiempo que nuestro Señor. Su nombre de circuncisión era Saulo, y probablemente el nombre que Pablo también le fue dado en la infancia “para uso en el mundo gentil”, ya que “Saulo” sería su nombre de casa en hebreo.